El éxito mundial de la almendra y el paisaje en España

La almendra, uno de los alimentos saludables más de moda, está transformando el paisaje rural español, donde los vastos campos de cereales son reemplazados por grandes plantaciones de almendros, mucho más rentables.

En el valle de Guadalquivir,  “ha cambiado tanto el paisaje que los jabalíes bajan del monte para comer almendras”. Las vibradoras atrapan con sus pinzas el tronco de los árboles y en menos de tres segundos hacen caer todos sus frutos y  luego los campesinos recogen las largas redes tendidas en el suelo, colmadas de almendras.

Durante la campaña 2018-2019, España, país del turrón y muchos otros productos con almendras, espera recolectar más de 61.160 toneladas, una “cifra récord” que supondría un aumento del 15% respecto a la temporada anterior, según las estimaciones de la organización nacional del sector de los frutos secos.

Recordemos que los misioneros españoles fueron los que llevaron la almendra a Estados Unidos” en el siglo XVIII, dice José Millán mientras supervisa la recolección en los terrenos de su familia en Santa Cruz, una propiedad de 650 hectáreas con 62 dedicadas al almendro.

Este agricultor de 61 años fue de los primeros en introducir en Andalucía este cultivo intensivo, hace ya diez años. Después, muchos colegas lo imitaron.

Ahora el almendro, tradicionalmente cultivado en secano en otras partes de España, surge en el paisaje andaluz como cultivo de regadío. En la recolecta se utilizan las mismas máquinas sacudidoras.

Teniendo en cuenta que “hace 10 o 12 años, el precio de la almendra podía estar en 3 euros el kilo pagado al agricultor, pasó a 9 euros el kilo hace 4 o 5 años y a día de hoy estamos entorno a 5 euros”, se plantean si es conveniente su producción.

Lamentablemente EEUU a golpe de márketing, han conseguido vender por doquier la almendra californiana “más insípida”.

En éstos tiempos de calentamiento global, los “almendricultores” saben que deberán evitar el desarrollo de un cultivo que requiera mucha agua.

En una España amenazada por una sequía crónica, el déficit de agua supone un freno a la expansión.

 

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