Los toros de Tlacotalpan nacieron para vivir tranquilos y, cuando llegara su hora, alimentar con su carne a los hambrientos. Seis toros cebúes, un tipo de res doméstica y mansa, son sacrificados anualmente para el ensañamiento popular. Porque no valen nada. Sus dueños, los ganaderos del pequeño municipio veracruzano de 8.000 habitantes, donan los ejemplares